El herpes zóster en la ceja requiere una valoración médica rápida porque puede extenderse desde la piel de la frente hacia el ojo del mismo lado y causar complicaciones corneales, inflamación intraocular, glaucoma o pérdida de visión. El tratamiento principal consiste en iniciar un fármaco antiviral lo antes posible, preferentemente durante las primeras 72 horas desde la aparición de las vesículas.
Si además de la erupción en la ceja presenta dolor ocular, enrojecimiento del ojo, visión borrosa o disminuida, lagrimeo, sensibilidad a la luz o hinchazón del párpado, necesita una evaluación oftalmológica inmediata. El herpes zóster oftálmico puede aparecer incluso cuando el ojo parece normal al comienzo, por lo que son importantes el diagnóstico precoz y el seguimiento.
Qué es el herpes zóster en la ceja
La culebrilla es una erupción cutánea, vesicante y dolorosa causada por el virus varicela-zóster, el mismo virus que causa la varicela. La culebrilla también se llama herpes zóster.
Generalmente el primer contacto con el virus lo tenemos en la infancia y se manifiesta clínicamente como una varicela. Pasada esta infección, el virus migra por las terminaciones nerviosas desde la piel hacia el ganglio y allí queda latente, reapareciendo en la piel en determinadas situaciones dando lugar al denominado herpes zóster.
La varicela zóster es el virus causante de la varicela. Una vez la persona se infecta, el virus permanece en una fase latente en las raíces nerviosas.
En algunas personas, el virus se reactiva debido a la disminución de la inmunidad con el envejecimiento y puede extenderse a la piel, causando el herpes zóster, también llamado culebrilla. Cuando el virus afecta la frente o la nariz, el ojo también se puede infectar en un 50% de los casos, en el mismo lado que la piel afectada.
El herpes zóster oftálmico es la infección ocular reactivada por el virus varicela-zóster, el virus que causa la varicela y la culebrilla. Cuando el virus permanece latente en los nervios y se reactiva en la edad adulta, puede provocar herpes zóster oftálmico, afectando a los párpados, la córnea e incluso al nervio óptico.

Por qué la localización en la ceja es especialmente importante
El herpes zóster suele aparecer con más frecuencia en el pecho, la espalda o las piernas, pero también puede aparecer en la cara y en los ojos. El herpes zóster generalmente comienza como una zona de sensibilidad u hormigueo en la piel y luego se convierte en una erupción dolorosa.
La región ocular presenta una mayor gravedad al existir el riesgo de formación de úlceras corneales que conduzcan a la ceguera. El herpes ocular presenta un peor pronóstico respecto al resto, por la posibilidad de evolucionar a ceguera.
El herpes zóster ocular suele aparecer en un ojo, el del mismo lado de la cara en el que apareció la erupción. Si el virus afecta la frente o la nariz, el ojo también se puede infectar en un 50% de los casos, en el mismo lado que la piel afectada.
Aproximadamente la mitad de las personas que tienen herpes zóster en la frente o la nariz también presentarán un ojo comprometido. Un paciente puede tener herpes zóster alrededor del área de los ojos sin que el ojo se vea comprometido, pero el ojo puede verse involucrado más adelante, a medida que avanza la enfermedad.
Síntomas del herpes zóster en la ceja
Puede aparecer dolor o hormigueo en la frente antes que cualquier otro síntoma, lo que se conoce como un pródromo. El paciente nota una sensación de picor o dolor en un territorio cutáneo y 4 ó 5 días después presenta un enrojecimiento de la piel en esa zona sobre el que brotan unas vesículas que se disponen agrupadas.
Los síntomas iniciales pueden confundirse con una irritación cutánea, una picadura o una cefalea. El herpes no aparece de la noche a la mañana: uno de los primeros signos que sentiremos cuando empieza a aparecer un herpes es una sensación de hormigueo, picor o ardor cerca del ojo.
- Sensación de picor o dolor en un territorio cutáneo.
- Sensación de quemazón.
- Hormigueo en la frente o alrededor del ojo.
- Enrojecimiento de la piel.
- Ampollas o vesículas agrupadas en la ceja, la frente o la nariz.
- Dolor intenso o sensibilidad exagerada al tocar la piel.
- Picazón.
- Dolor de cabeza, fatiga o malestar general.
- Fiebre.
- Hinchazón del párpado.
La piel de la frente y, a veces, la punta de la nariz, se cubre de pequeñas ampollas rojas, extremadamente dolorosas. La erupción comienza como ampollas o lesiones llenas de líquido.
Algunas personas desarrollan unas pocas ampollas dispersas, mientras que otras presentan grupos extensos similares a quemaduras. Finalmente, las ampollas se rompen, supuran y forman costras.
Al cabo de 7 a 10 días las lesiones se secan, formando unas costras pardo-amarillentas que se eliminan, dejando a veces una cicatriz residual. En 2 a 4 semanas, las ampollas y los granos sanan.
Síntomas que indican afectación ocular
Los síntomas del herpes zóster alrededor del ojo pueden ser diferentes de los síntomas de los casos con el ojo comprometido. El herpes zóster alrededor del área de los ojos puede producir hormigueo en la cara, ampollas o sarpullido en la frente o la nariz y párpado hinchado.
Los síntomas del herpes zóster que pueden indicar un ojo comprometido son:
- Dolor en el ojo.
- Enrojecimiento del ojo.
- Empeoramiento de la visión.
- Ojo lloroso.
- Sensibilidad a la luz.
- Sensación de arenilla o de tener algo dentro del ojo.
- Hinchazón o inflamación del párpado.
- Inflamación de la córnea o de la conjuntiva.
Uno de los primeros signos que sentiremos cuando empieza a aparecer un herpes es una sensación de hormigueo, picor o ardor cerca del ojo. Después, el ojo puede volverse muy sensible a la luz, tener un lagrimeo excesivo o presentar enrojecimientos.
Un paciente que haya tenido herpes zóster en la cara puede sentir que se está curando bien, pero después notar algún síntoma como enrojecimiento del ojo. Cuando esto sucede, los pacientes necesitan ver a un óptico de inmediato.
Los pacientes que tienen herpes zóster en la cara deben recibir tratamiento antiviral y también consultar a un óptico de inmediato para que este controle la aparición del herpes en el ojo.
Cuándo acudir de urgencia
Debe buscar atención médica urgente si aparece una erupción en la ceja o la frente acompañada de dolor ocular, ojo rojo, visión borrosa, sensibilidad a la luz, lagrimeo intenso o párpado muy hinchado. Estos signos pueden indicar que la infección ha alcanzado la córnea u otras estructuras oculares.
La afectación de la punta de la nariz también debe considerarse una señal de alarma, porque la distribución de la erupción puede asociarse con un mayor riesgo de afectación ocular. La aparición de herpes zóster activo, antecedentes de la erupción característica o la presencia de antiguas cicatrices debidas a una erupción por herpes previa ayudan al médico a establecer el diagnóstico.
También debe comunicarse con su proveedor si le aparece una erupción cutánea que se ve o se siente como el herpes zóster, si el dolor por el herpes zóster no está bien manejado o si los síntomas de dolor no desaparecen después de 3 a 4 semanas.
Tratamiento del herpes zóster en la ceja
En los casos indicados es esencial comenzar con el tratamiento antiviral de manera precoz para evitar la cronificación de la infección por el virus del herpes. El tratamiento precoz con un fármaco antivírico como aciclovir, valaciclovir o famciclovir, tomados por vía oral, reduce la duración de la erupción dolorosa.
El tratamiento del herpes zóster se realiza con fármacos antivirales por vía oral o intravenosa, pero no siempre es necesario tratarlo, ya que se resuelve espontáneamente en unos 7 días. Sin embargo, la localización en la ceja y la frente exige una valoración médica porque existe riesgo de extensión al ojo.
Es importante señalar que el tratamiento es eficaz si se comienza en las primeras 72 horas desde el inicio de las vesículas. El tratamiento debe iniciarse lo antes posible después de que comience la erupción.
| Tratamiento | Objetivo principal |
|---|---|
| Aciclovir, valaciclovir o famciclovir | Frenar la replicación del virus, acortar el brote y reducir complicaciones |
| Antivirales por vía intravenosa | Tratar casos graves o pacientes inmunosuprimidos |
| Analgésicos | Controlar el dolor cutáneo, facial u ocular |
| Corticoides en colirio | Reducir la inflamación ocular cuando están indicados |
| Colirios para mantener la pupila dilatada | Aliviar el dolor por inflamación interna y ayudar a evitar ciertas complicaciones |
| Antisépticos tópicos | Evitar la sobreinfección de las lesiones cutáneas |
Medicamentos antivirales
Se han aprobado tres fármacos antivíricos, aciclovir, valaciclovir y famciclovir, para el tratamiento del herpes zóster. Estos fármacos pueden acortar la duración de un brote de herpes zóster, reducir el dolor del herpes zóster y reducir las posibilidades de neuralgia postherpética.
También está indicado el tratamiento con fármacos antivirales por vía oral en pacientes mayores de 50 años, para disminuir la posibilidad de desarrollar una neuralgia postherpética: brivudina, aciclovir, valaciclovir y famciclovir.
Además de estos beneficios generales, el tratamiento oportuno con medicamentos antivirales puede reducir a la mitad la incidencia de trastornos oculares causados por el herpes zóster ocular. Sin medicamentos antivirales, el 50 % de los pacientes con herpes zóster ocular desarrollarán trastornos oculares en comparación con solo el 25 % de los pacientes que toman la medicación.
El tratamiento antiviral debe ser prescrito por un profesional sanitario, que valorará la edad, el estado inmunitario, la función renal, la extensión de las lesiones y la posible afectación ocular.
Tratamiento si el ojo está afectado
Cuando el herpes zóster infecta la cara y pone en peligro el ojo, el tratamiento con un fármaco antivírico reduce el riesgo de complicaciones oculares. Si el oftalmólogo diagnostica un ojo comprometido, es posible que también necesite gotas oftálmicas tópicas.
Los corticoides en forma de colirios oculares pueden ser necesarios cuando existe inflamación importante, como en las queratitis estromales o uveítis herpéticas. Sin embargo, su uso debe estar siempre estrictamente supervisado por un oftalmólogo, ya que, si se aplican sin el control adecuado, pueden empeorar la infección viral o retrasar la cicatrización de la córnea.
También pueden requerirse corticoesteroides, normalmente en colirios, si el ojo está inflamado. Los colirios, como ciclopentolato o atropina, se usan para mantener la pupila dilatada, ayudar a evitar una forma grave de glaucoma y aliviar el dolor.
Las gotas con esteroides pueden reducir la inflamación ocular causada por el herpes zóster. Las gotas oftálmicas que dilatan las pupilas pueden mantener las pupilas abiertas y aliviar el dolor debido a una inflamación ocular interna causada por el herpes zóster.
Control del dolor y de la irritación
El herpes ocular puede provocar dolor intenso, sensación de arenilla y fotofobia. Para mejorar la calidad de vida del paciente durante el brote, se prescriben analgésicos orales y colirios lubricantes sin conservantes, que ayudan a mantener la superficie ocular hidratada y a disminuir la irritación.
Para el dolor, puede tomar un tipo de medicamentos llamados medicamentos antiinflamatorios no esteroides. Algunos ejemplos de AINE son ibuprofeno y naproxeno.
Si tiene una cardiopatía, presión arterial alta, enfermedad renal o ha tenido úlceras gástricas o sangrado estomacal, hable con el proveedor antes de usar estos medicamentos. También puede tomar paracetamol para aliviar el dolor, pero si tiene enfermedad hepática, hable con el proveedor antes de usarlo.
Le pueden dar un analgésico narcótico. Tómelo solo como se lo indicaron. Estos medicamentos pueden inducirle el sueño y producirle confusión, producirle picazón en la piel, causarle estreñimiento o causarle náuseas.
Cuando esté tomando un narcótico, no beba alcohol ni use maquinaria pesada. Para el estreñimiento, trate de beber más líquidos, comer alimentos ricos en fibra o usar ablandadores de heces; tomar el medicamento con alimento puede ayudar si produce náuseas o malestar estomacal.
Medidas para aliviar el picor y cuidar la piel
Para aliviar la picazón y la molestia, pruebe con compresas frías y húmedas sobre la piel afectada, baños y lociones calmantes, como los baños de avena coloidal, baños de almidón o la loción de calamina.
También pueden utilizarse antihistamínicos para reducir la picazón, tomados por vía oral o aplicados sobre la piel. Mantenga la piel limpia y evite tocar, frotar o rascar las vesículas.
Es importante evitar la sobreinfección de las lesiones mediante el uso de antisépticos tópicos. No reviente las ampollas y mantenga limpia la zona de la ceja.
Qué no debe aplicarse en la ceja o cerca del ojo
No utilice colirios con corticoides ni otros tratamientos oculares por iniciativa propia. Los corticoides pueden empeorar la infección viral o retrasar la cicatrización de la córnea si se aplican sin control oftalmológico.
No rasque ni rompa las vesículas, porque el líquido contiene virus y las lesiones pueden sobreinfectarse. Evite colocar productos irritantes, cosméticos o pomadas no prescritas cerca del ojo.
No cubra el ojo con un parche sin indicación médica, especialmente si existe dolor ocular, secreción, visión borrosa o sospecha de lesión corneal.
Posibles complicaciones
Si no se trata a tiempo y lo dejamos pasar, el herpes puede provocar algunas consecuencias graves en el futuro, siendo una de las principales causas de ceguera corneal en países desarrollados. La complicación más grave del herpes ocular es la pérdida de visión o la ceguera.
Cuando el virus invade la córnea, puede producir úlceras superficiales o profundas. Estas lesiones dañan la capa más externa del ojo y, además del dolor intenso, pueden favorecer infecciones bacterianas secundarias que agraven el cuadro.
La repetición de episodios inflamatorios o la cicatrización de úlceras mal curadas genera cicatrices corneales. Estas cicatrices reducen la transparencia de la córnea, impidiendo el paso correcto de la luz y provocando visión borrosa o disminuida incluso después de superar el brote.
La córnea puede infectarse e inflamarse. Meses o años después, la córnea infectada puede hincharse, resultar gravemente dañada y desarrollar cicatrices.
Es posible que se inflamen las estructuras situadas detrás de la córnea, lo que se denomina uveítis, que la presión ocular aumente y que la córnea se insensibilice, lo que la hace propensa a las lesiones.
El herpes ocular puede afectar al sistema de drenaje del ojo, elevando la presión intraocular y desencadenando un glaucoma secundario. Este aumento de presión, mantenido en el tiempo, daña progresivamente el nervio óptico, con pérdida irreversible del campo visual.
En el herpes zóster oftálmico, la inflamación puede extenderse y afectar al nervio óptico, produciendo una neuropatía óptica. Esta complicación puede ser irreversible y dejar secuelas visuales graves, incluso aunque la infección se controle.
Incluso con el tratamiento adecuado, algunos pacientes con herpes zóster ocular desarrollan trastornos oculares como cicatrices en la córnea, glaucoma y enfermedad de la retina. En los casos más graves de herpes zóster ocular, un paciente puede necesitar un trasplante de córnea.
Neuralgia posherpética
En ocasiones, tras el episodio de herpes zóster puede persistir un dolor residual en esa localización que permanece durante días, meses e incluso años, denominándose neuralgia postherpética. Esto sucede con mayor frecuencia en individuos cuya edad sobrepasa los 50 años.
Usted puede presentar dolor por neuralgia posherpética. Se trata de un dolor que dura más de un mes después del inicio de los síntomas del herpes zóster.
Las personas pueden desarrollar dolor después de que la erupción haya desaparecido. El dolor del herpes zóster tiene una duración de 2 a 4 semanas, aunque la neuralgia postherpética puede persistir durante más tiempo.
La neuralgia postherpética, en caso de presentarse, puede ser tratada mediante analgésicos y, si no mejora, pueden utilizarse otros fármacos como antiepilépticos o antidepresivos.
Diagnóstico
El diagnóstico del herpes zóster se realiza principalmente por la clínica. La distribución unilateral de las ampollas, el dolor o ardor previo y la presencia de vesículas agrupadas en la ceja o la frente suelen orientar el diagnóstico.
En casos dudosos se puede confirmar mediante la realización de un cultivo virológico de las vesículas en la fase inicial de la enfermedad. También pueden analizarse muestras de la erupción mediante pruebas de laboratorio.
El médico diagnostica el herpes zóster oftálmico basándose en los indicios de una erupción por culebrilla y la afectación ocular. Si existen síntomas visuales, el oftalmólogo puede examinar la córnea, la presión ocular, la inflamación intraocular y el estado del nervio óptico.
El diagnóstico precoz realizado por el oftalmólogo es fundamental para iniciar el tratamiento y evitar complicaciones en el futuro. Un seguimiento oftalmológico puede ser necesario aunque el ojo parezca normal al principio.
Quién tiene mayor riesgo
El herpes zóster se presenta principalmente en adultos, pero cada vez es más frecuente su aparición en niños. Para padecerlo es necesario haber estado previamente en contacto con el virus y haber pasado la varicela.
La frecuencia de presentación de esta enfermedad y su gravedad son mayores en individuos que se encuentran inmunosuprimidos, ya sea por tratamientos con quimioterapia o radioterapia o por medicamentos inmunosupresores como los pacientes transplantados.
También se incluyen en este grupo los pacientes afectos de SIDA y los que presentan tumores u otras enfermedades que determinen una situación de inmunosupresión. Sin embargo, también es frecuente observar herpes zóster en personas inmunocompetentes en situaciones de debilidad o cansancio.
En los pacientes inmunodeprimidos existe riesgo de generalización del virus con afectación de otros órganos y peor pronóstico. En estos pacientes es necesaria la utilización de la vía intravenosa para el tratamiento.
Contagio y precauciones
El herpes zóster es una enfermedad contagiosa mientras existen vesículas abiertas y supurantes. Durante esta fase las lesiones son altamente contagiosas, pues el virus se encuentra dentro de las vesículas.
El herpes zóster ocular no es contagioso. Sin embargo, una persona que tenga herpes zóster en cualquier parte del cuerpo puede transmitir el virus de la varicela a alguien que no haya tenido varicela o que no haya sido vacunada contra esta.
Mientras que las llagas de la piel aún estén abiertas y supurando, evite todo contacto con cualquier persona que nunca haya tenido varicela, especialmente las mujeres embarazadas.
Debe evitarse el contacto con personas que no hayan estado en contacto con el virus previamente, especialmente si son inmunosuprimidos o mujeres embarazadas. También deben evitarse el contacto con recién nacidos, personas con VIH, personas que toman medicamentos inmunosupresores o reciben quimioterapia y receptores de trasplantes de órganos.
Mantenga la piel limpia. Bote los vendajes que se utilizan para cubrir las úlceras en la piel. Tire a la basura o lave con agua caliente la ropa que tenga contacto con las úlceras de la piel.
Lave las sábanas y las toallas con agua caliente. Lávese las manos de manera cuidadosa y frecuente y evite tocarse los ojos después de tocar las lesiones.
Evolución y recuperación
Un brote de herpes zóster por lo general tiene la siguiente evolución: aparecen ampollas y granos en la piel y causan dolor; una costra se forma sobre las ampollas y los granos; en 2 a 4 semanas, las ampollas y los granos sanan.
El herpes zóster es generalmente un cuadro autolimitado que se resuelve espontáneamente en una o dos semanas. En algunos pacientes puede persistir una neuralgia postherpética de duración variable.
El tiempo de recuperación varía según el paciente y el caso específico. Si la inflamación es leve y el tratamiento es bastante agresivo, los síntomas pueden empezar a mejorar en unos días.
En algún momento, el oftalmólogo puede intentar retirar lentamente la aplicación de esteroides. Sin embargo, la recurrencia de la inflamación puede indicar la necesidad de seguir usando gotas con esteroides.
La repetición de episodios inflamatorios puede producir lesiones permanentes, por lo que la desaparición de las ampollas no siempre significa que haya terminado el riesgo ocular.
Prevención
La vacuna contra la culebrilla puede ayudar a prevenir la reactivación del virus varicela-zóster. La vacuna recombinante para prevenir el herpes zóster se recomienda para personas sanas de 50 años o más, con independencia de si han pasado la varicela, tienen antecedentes de herpes zóster o han recibido la antigua vacuna contra el herpes zóster.
La vacuna recombinante es efectiva en más del 90% de las personas, mientras que la vacuna más antigua era efectiva en el 50% de las personas. La protección se mantiene fuerte durante al menos cuatro años después de recibir la vacuna.
La prevención es especialmente importante en las personas con antecedentes de inmunosupresión o con mayor riesgo de complicaciones. La indicación concreta de la vacuna debe consultarse con un profesional sanitario.
Medidas generales durante el episodio
- Solicite valoración médica si aparece una erupción dolorosa en la ceja o la frente.
- Inicie el antiviral lo antes posible cuando sea indicado.
- Acuda al oftalmólogo si aparece cualquier síntoma ocular.
- Mantenga limpias las lesiones.
- No rasque, frote ni rompa las ampollas.
- Utilice compresas frías y húmedas para aliviar la molestia.
- Evite compartir toallas, ropa, maquillaje u objetos que entren en contacto con las lesiones.
- Evite el contacto con personas vulnerables mientras las ampollas estén abiertas y supurando.
- Haga reposo en cama hasta que la fiebre baje.
La presencia de una erupción en la ceja no debe tratarse como una simple irritación si existe dolor, ardor o vesículas agrupadas. La combinación de antiviral precoz y valoración oftalmológica permite reducir el riesgo de extensión ocular, neuralgia postherpética y pérdida visual.
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