La identidad colectiva es el sentimiento de pertenencia a una determinada colectividad. Surge a partir de los vínculos culturales y afectivos que se dan dentro de la comunidad, dado que son entornos humanos en los que se comparten y defienden una serie de visiones o ideales, los cuales impregnan la identidad individual de cada miembro del grupo.
La identidad colectiva implica la autopercepción de un “nosotros” (endogrupo), un grupo de personas que comparten una serie de rasgos, en contraposición con los “otros” (exogrupo), que poseen rasgos diferentes. En el contexto social actual, en donde los sujetos están adscritos a diversos grupos, la identidad colectiva se convierte en una construcción subjetiva y cambiante.
Definición y significado de la identidad colectiva
Nuestra familia, nuestro grupos de amigos, el pueblo en el que nacimos, el partido político en el que militamos o el trabajo que desempeñamos son factores que influyen en nuestra identidad individual y, a su vez, crean una más extensa: la identidad colectiva. En cada grupo humano, sea del tamaño que sea, hay un pensamiento de verse como uno, un grupo que tiene sus rasgos y características definitorias que hacen que se diferencie de los demás.
En menor o mayor medida, cada persona forma parte de una comunidad. Estas comunidades pueden ser de diferentes tamaños, niveles y categorías, pudiéndose estar dentro de varias de forma simultánea. Somos parte de nuestra familia, de nuestro grupo de amigos, pueblo o ciudad, región de nacimiento, categoría profesional y muchas más. El sentido de pertenencia a cada una de estas forma parte de nuestra identidad, una identidad muy influenciada por los aspectos sociales.
Así, al compartir todos, en mayor o menor medida, unos mismos rasgos y sentirse ligados a ellos tienen un sentimiento común de pertinencia. Si bien cada autor difiere en cuanto a la definición exacta de la identidad colectiva, sí que se pueden destacar los siguientes cuatro aspectos que definen lo que es esta idea:
- Es una construcción subjetiva de los propios sujetos.
- Se expresa en términos de “nosotros” vs. “otros”.
- Es delimitado por los rasgos o elementos culturales seleccionados por el grupo.
- Estos rasgos o elementos constituyen su cultura.
La importancia que se le dé a los rasgos propios y a los del exogrupo es muy subjetiva, además de ser subjetivo también la forma en cómo se seleccionan unos determinados símbolos o rasgos que delimitan la identidad propia del grupo, como pueden ser la raza, nacionalidad, lengua, religión, ideología.
Identidad individual, identidad social e identidad colectiva
El término identidad se incorporó al campo de las ciencias sociales a partir de las obras del psicoanalista austriaco Erick Erickson, quien a mediados del siglo XX empleó el término ego-identidad en sus estudios sobre los problemas que enfrentan los adolescentes y las formas en que pueden superar las crisis propias de su edad.
Erickson concibe a la identidad, como "un sentimiento de mismidad y continuidad que experimenta un individuo en cuanto tal (Erickson, 1977: 586); lo que se traduce en la percepción que tiene el individuo de sí mismo y que surge cuando se pregunta ¿quién soy?
La identidad supone un ejercicio de autorreflexión, a través del cual el individuo pondera sus capacidades y potencialidades, tiene conciencia de lo que es como persona; sin embargo, como el individuo no está solo, sino que convive con otros, el autoconocimiento implica reconocerse como miembro de un grupo; lo cual, a su vez, le permite diferenciarse de los miembros de otros grupos.
Por ello, el concepto de identidad aparece relacionado con el individuo, siendo las perspectivas filosófica y psicológica las que predominan en los primeros trabajos sobre identidad social. En sociología y antropología se aborda la dimensión colectiva de la identidad, que en las últimas décadas del siglo XX se asocia a la emergencia de los movimientos sociales, las ONG, las reivindicaciones regionales y las migraciones.
En sociología, la identidad colectiva se concibe como el componente que articula y da consistencia a los movimientos sociales en los trabajos de Alain Touraine y Alberto Melucci; como un elemento de la acción comunicativa en Jürgen Habermas, y como un atributo de los actores sociales en Gilberto Giménez.
En antropología, la identidad colectiva ha sido uno de los ejes centrales de investigación, primero bajo el enfoque esencialista, según el cual la identidad es un conjunto de propiedades y atributos característicos de un grupo en los trabajos de Judith Friedlander y George De Vos. Después, desde una perspectiva dinámica, la identidad colectiva se construye en un contexto histórico particular, a lo largo de un proceso de interacción, donde los sujetos reelaboran los elementos culturales del grupo.
La pertenencia como base de la identidad social
La reflexión teórica sobre la identidad colectiva tiene como antecedente los planteamientos que se hacen sobre la identidad social. Desde la perspectiva de la psicología social, Henry Tajfel desarrolla una teoría de la identidad social, concibiéndola como el vínculo psicológico que permite la unión de la persona con su grupo.
Para lograr ese vínculo, la persona debe reunir tres características:
- Percibir que pertenece al grupo.
- Ser consciente de que por pertenecer a ese grupo, se le asigna un calificativo positivo o negativo.
- Sentir cierto afecto derivado de la conciencia de pertenecer a un grupo.
Como podemos observar, para Henry Tajfel la pertenencia al grupo es el ingrediente esencial de la identidad social, porque al mismo tiempo que se siente parte de un grupo, el individuo se diferencia de los miembros de otros grupos a los que no pertenece.
Por ello se dice que la fuente de identificación del individuo es el propio grupo, pero los otros juegan también un papel importante, ya que cuando experimenta que es diferente a los otros se reafirma la pertenencia al grupo.
El núcleo de la Teoría de la Identidad Social se origina en la idea de que "por muy rica y compleja que sea la imagen que los individuos tienen de sí mismos en relación con el mundo físico y social que les rodea, algunos de los aspectos de esa idea son aportados por la pertenencia a ciertos grupos o categorías sociales".
Por ello, Tajfel propuso que parte del autoconcepto de un individuo estaría conformado por su identidad social, esto es, "el conocimiento que posee un individuo de que pertenece a determinados grupos sociales junto a la significación emocional y de valor que tiene para él/ella dicha pertenencia".
El binomio pertenencia-comparación
En las formulaciones iniciales, Tajfel (1974, 1978) postuló que el comportamiento social de un individuo variaba a lo largo de un continuo unidimensional demarcado por dos extremos: el intergrupal, en el cual la conducta estaría determinada por la pertenencia a diferentes grupos o categorías sociales; y el interpersonal, en el que la conducta estaría determinada por las relaciones personales con otros individuos y por las características personales idiosincráticas.
Sin embargo, el hecho de que los individuos experimenten que son diferentes a los otros no implica necesariamente que se identifican plenamente con el grupo al que pertenecen; pues, como plantean los psicólogos sociales Perrault y Bourhis, es preciso hacer la distinción entre grado y calidad de la identificación.
El grado se refiere a la fuerza con que se experimenta la diferencia con otros grupos; en cambio, la calidad de la identificación equivale a la atracción que siente el individuo hacia el propio grupo.
Los individuos experimentan la pertenencia al grupo cuando se relacionan con los miembros de grupos diferentes al suyo; por ejemplo, hay mexicanos que dicen que se sienten orgullosos de serlo cuando están en el extranjero, pero no ocurre lo mismo cuando conviven con los de su propio grupo.
Por ello se dice que la identidad social es producto del binomio pertenencia-comparación que implica dos distinciones, aquella en la cual el grupo se autodefine a partir de las características que los hacen comunes y la que resulta de sus diferencias con los otros.
La primera distinción es realizada por los propios actores que forman el grupo y que se vuelven conscientes de la característica en común que poseen y los define como miembros de ese grupo; y la segunda distinción es la identidad de un grupo social desde fuera; es decir, la identidad de ese grupo es sostenida únicamente por quien la enuncia y consiste en la identificación de una característica en común que comparten los actores que forman ese grupo.
Adscripción, identificación y sentido de pertenencia
La pertenencia social consiste en la inclusión de los individuos en un grupo, la cual puede ser "mediante la sunción de algún rol dentro de la colectividad o mediante la apropiación e interiorización, al menos parcial del complejo simbólico-cultural que funge como emblema de la colectividad en cuestión".
Esto implica que hay dos niveles de identidad, el que tiene que ver con la mera adscripción o membresía de grupo y el que supone conocer y compartir los contenidos socialmente aceptados por el grupo; es decir, estar conscientes de los rasgos que los hacen comunes y forman el "nosotros".
Resulta más complicado que los sujetos logren el segundo nivel de identidad, ya que para compartir algo, se necesita conocer ese algo y todavía más, es preciso asumirlo como propio.
Por ejemplo, para que los sujetos que se afilian a un partido político puedan compartir los principios ideológicos se requiere que los conozcan y, sobre todo, que coincidan con ellos, o por lo menos con la mayor parte de éstos; de tal manera que les sirvan como marcos de percepción y de interpretación de la realidad, y también como guías de sus comportamientos y prácticas.
Pero esto no es observable, sólo lo pueden "sentir", experimentar, los sujetos mismos en las relaciones e interacciones que mantienen entre sí -al interior del partido- y con los miembros de otro partido político.
El hecho de que los sujetos se adscriban a un grupo no implica que se identifican con él, pues "[. ] nada hay más alejado de un proceso mecánico que la identificación. No es suficiente etiquetar a una persona con un rótulo. Tan es así que muchas personas que pertenecen a grupos étnicos minoritarios en la sociedad estadounidense no muestran ningún grado apreciable de identificación étnica".
De lo anterior, Henry Tajfel concluye que la identidad social se integra de tres componentes: cognitivos, evaluativos y afectivos. Los cognitivos son los conocimientos que tienen los sujetos sobre el grupo al que se adscriben, los evaluativos se refieren a los juicios que los individuos emiten sobre el grupo, y los afectivos tienen que ver con los sentimientos que les provoca pertenecer a determinado grupo.
La cultura como elemento de la identidad colectiva
El elemento más destacable de cualquier identidad colectiva es la idea de cultura. Cabe decir que el término “cultura” no se debe entender únicamente como sinónimo de grupo étnico o cultura geográfica, como puede ser cultura francesa, argentina, judía, gitana, curda o cualquier otra.
Se debe entender la idea de cultura como un conjunto de características socioculturales que definen a un determinado grupo, y que influye directamente en su identidad colectiva.
En el contexto social actual, caracterizado por las múltiples implicaciones de la globalización, el término identidad se ha convertido en uno de los vocablos empleados con mayor frecuencia, no sólo en el lenguaje de los científicos sociales, sino también en el discurso político, en el arte, en el cine.
Los trabajos de investigación y los foros de discusión en los que se aborda la cuestión identitaria se han incrementado, y frente a ellos escuchamos que los políticos y, en general, los dirigentes de diversas organizaciones hacen referencia constantemente a la necesidad de fortalecer la identidad; sin embargo, no siempre se precisa lo que se entiende por identidad, lo cual impide la comprensión de este fenómeno en su justa dimensión.
La identidad colectiva que suponía la imposición y transmisión de los rasgos culturales de un grupo. En el contexto social actual, en donde los sujetos están adscritos a diversos grupos, la construcción del sentido de pertenencia se dificulta, ya que los sujetos a través de sus múltiples interacciones cotidianas van seleccionando los repertorios culturales que responden a sus intereses y aspiraciones personales, así como a las exigencias sociales.
Tipos y ámbitos de identidad colectiva
Podemos encontrar identidad colectiva en profesiones, movimientos sociales, equipos deportivos y muchos más grupos sociales. Por ejemplo, existe identidad colectiva entre los médicos, no únicamente por el hecho de haber estudiado medicina, sino también por compartir una serie de experiencias típicas con su profesión además de influir su trabajo en su vida personal y su valor como persona.
En los equipos deportivos y los movimientos sociales la idea de identidad colectiva es mucho más apreciable. En el caso de los equipos deportivos, sea profesionales sean amateur, se hace necesaria la idea de pertenecer al equipo, dado que se va a competir con otros equipos y es necesario que haya una buena dinámica dentro del equipo para lograr ganar.
Esta misma idea se puede trasladar a los movimientos sociales, como “Black Lives Matter”, el colectivo LGTB+ y el feminista. Para conseguir que sus demandas sean satisfechas es necesario que todos los activistas se coordinen para hacer presión de grupo.
Todos estos ejemplos son la prueba de que hay diferentes tipos de elementos que pueden hacer que surja la identidad colectiva. Estos elementos pueden ser varios o simplemente uno solo, variando en función del tipo de comunidad y la intensidad del grado de identidad colectiva.
Incluso entre comunidades de un mismo tipo (profesional, étnica, ideológica. ) hay diferencias en lo que ha definido y fortalecido su identidad colectiva, tanto en tipo de elementos como en su cantidad.
Identidad profesional
La identidad profesional se forma a partir de la pertenencia a una actividad laboral y de la interiorización de experiencias, normas, valores y prácticas compartidas. El trabajo que desempeñamos influye en nuestra identidad individual y, a su vez, crea una más extensa: la identidad colectiva.
La identidad colectiva entre los médicos no depende únicamente del hecho de haber estudiado medicina, sino también de compartir una serie de experiencias típicas con su profesión además de influir su trabajo en su vida personal y su valor como persona.
Identidad territorial y nacional
Por ejemplo, la idea de formar parte de la cultura francesa no depende únicamente de hablar francés, sino también de haber nacido ahí, defender la unidad de la República e, incluso, compartir los mismos estereotipos hacia otros países europeos.
En cambio, en la comunidad judía el principal elemento que la define es procesar el judaísmo, sin necesidad de hablar hebreo, haber nacido en Israel o ser partidario de que exista un estado judío.
El proceso de globalización ha generado, por un lado, nuevas identidades como resultado de la apertura de fronteras y por otro, la reivindicación de lo propio, por parte de ciertos grupos que se resisten a abandonar su cultura.
Los Estados-nación enfrentan un gran desafío: la búsqueda de mecanismos a través de los cuales puedan convivir con esquemas simbólico-culturales diferentes y hasta contradictorios.
Identidad ideológica y política
La identidad ideológica puede organizar la manera en que los sujetos interpretan la realidad y orientan sus comportamientos. Para que los sujetos que se afilian a un partido político puedan compartir los principios ideológicos se requiere que los conozcan y, sobre todo, que coincidan con ellos, o por lo menos con la mayor parte de éstos.
En sociología, la identidad colectiva se concibe como el componente que articula y da consistencia a los movimientos sociales en los trabajos de Alain Touraine y Alberto Melucci; como un elemento de la acción comunicativa en Jürgen Habermas, y como un atributo de los actores sociales en Gilberto Giménez.
Identidad de los movimientos sociales
En la última década, una tercera forma de enfocar el asunto ha venido cobrando fuerza. La misma pone en relieve los aspectos culturales de la acción colectiva y los movimientos sociales.
En este artículo nos alineamos en esa tercera forma de estudiar la acción colectiva y los movimientos sociales. Específicamente nos interesa observar las dinámicas propias de la identidad colectiva, entendida como un producto cultural y un proceso que ocurre en los intercambios entre activistas.
En concreto, dotan de sentido al “nosotros” que agrupa a los activistas, que les permite identificar posibles aliados y percibir adversarios potenciales. Así pues, analizar tales prácticas puede ayudar a comprender fenómenos como la solidaridad, la cooperación o la hostilidad en el interior de un movimiento social.
La identidad colectiva como proceso de interacción
En esta cuestión coinciden Manuel Castells, Gilberto Giménez y Andrés Piqueras, al considerar que la identidad colectiva es, ante todo, una construcción subjetiva, resultado de las interacciones cotidianas, a través de las cuales los sujetos delimitan lo propio frente a lo ajeno.
La identidad colectiva no es únicamente un conjunto de rasgos preexistentes, sino también un proceso mediante el cual los miembros de un grupo seleccionan, interpretan y reelaboran elementos culturales.
La Teoría de la Autocategorización (TAC) permite explicar la evidencia empírica que Tajfel (1981/1984) había reunido acerca de la construcción social de la identidad y, adicionalmente, muestra la identidad como un proceso dinámico y contextualizado.
En un contexto dado no todas las categorías identitarias están cognitivamente disponibles. Las más salientes serán aquellas que aumenten las diferencias entre el propio grupo y otros, y cuyo contenido sea coherente con la estructura (pre-existente) del mundo social.
Reicher propone centrar la atención en la forma como la identidad es construida en la práctica. A su juicio, esto sólo puede realizarse examinando la categorización en el contexto de las luchas históricas entre grupos.
La investigación de la identidad debería atender a la manera en que las categorizaciones construidas por un grupo sirven de contexto para el desempeño de otro, y en que este hecho puede condicionar la acción social, así como llevar a actos de resistencia y transformación.
El papel del discurso y la comunicación
Los analistas conversacionales sostienen que tal forma de enfocar el asunto desatiende el carácter activo de la categorización identitaria. Al poner en juego una categoría en el marco de una interacción, pueden abrirse espacios de debate, argumentación, formulación activa y re-negociación del significado o de la relevancia de dicha categoría.
Todo lo anterior supone que la identidad se construye discursivamente, es una acción social que ocurre durante el habla y gracias a ella. Para los analistas conversacionales, la identidad no es algo que las personas tienen y de lo cual se derivan sus sentimientos, sus motivaciones y/o sus comportamientos.
La identidad emerge cuando los interlocutores hacen relevantes categorías que agrupan personas en colecciones como “la familia” o “los conservadores” y que tienen aparejados unos atributos.
Las categorías y sus atributos resultan significativos sólo en ciertas circunstancias y su sentido no puede ser definido de antemano; debe examinarse a la luz del momento de su puesta en relevancia en la interacción.
Las identidades así entendidas son recursos que emplean los participantes para tomar posiciones, solucionar problemas, definir eventos, realizar descripciones, proponer explicaciones y, como es de esperar, para establecer diferencias entre los interlocutores, o entre éstos y terceros, así como para enfatizar los elementos que los unen.
Para estudiar la identidad desde un punto de vista conversacional, los analistas procuran dejar a un lado las teorías a priori y buscan los usos y los efectos interaccionales de las categorías. Lo hacen a partir de un examen secuencial y detallado de los materiales conversacionales.
Un ejemplo de construcción interaccional: el hacktivismo
En este artículo se realiza el análisis conversacional de una charla entre activistas tecnológicos llevada a cabo en la ciudad de Barcelona (España). A partir de una transcripción detallada y un examen secuencial de las interacciones, se identifica una categoría identitaria relevante y sus correspondientes atributos asociados.
Adicionalmente, se muestra cómo las intervenciones de los interlocutores ayudan a configurar dos formas de entender el hacktivismo en Europa. De esta manera, se espera ofrecer una mirada interaccional de la identidad colectiva, así como mostrar el potencial del análisis conversacional para el estudio de los movimientos sociales.
Como unidad de análisis hemos utilizado una charla sobre el “Chaos Computer Club y el hacktivismo alemán”, que tuvo lugar en un laboratorio Hacker de Barcelona (España), en enero de 2007.
La actividad en la que participan tiene cuatro partes. En las tres primeras, la expositora: a) comenta la fundación del grupo, presenta dos logros técnicos que le dieron notoriedad y narra su transformación en una asociación legal y registrada; b) habla sobre la organización del Chaos Computer Club indicando su subdivisión en grupos regionales oficiales y no-oficiales, así como los eventos más importantes que organizan; y c) presenta algunos proyectos del club: su oposición a las políticas de almacenamiento de datos, a los pasaportes biométricos y a la utilización de máquinas para el voto electrónico.
La cuarta parte de la actividad está dedicada exclusivamente a las preguntas del público. Para el análisis se han utilizado fragmentos extraídos de la primera y tercera partes de la charla, así como de la última.
Para entender cómo se utilizan las categorías identitarias en el material analizado es fundamental estudiar, no sólo su contenido y forma, sino también las reacciones que generan en el auditorio.
Los fragmentos de discurso predominantemente monológicos son un terreno más arriesgado para el estudio, pero también ofrecen información de interés.
Su objetivo es mostrar cómo prácticas discursivas en apariencia sencillas, por ejemplo, las categorizaciones o el uso de símiles, tienen implicaciones para la acción colectiva.
Globalización, pluralidad y transformación identitaria
El proceso de globalización ha generado, por un lado, nuevas identidades como resultado de la apertura de fronteras y por otro, la reivindicación de lo propio, por parte de ciertos grupos que se resisten a abandonar su cultura.
En el contexto social actual, en donde los sujetos están adscritos a diversos grupos, la construcción del sentido de pertenencia se dificulta, ya que los sujetos a través de sus múltiples interacciones cotidianas van seleccionando los repertorios culturales que responden a sus intereses y aspiraciones personales, así como a las exigencias sociales.
Uno de los efectos sociales de la modernización es, sin duda, la transformación del proceso a través del cual los sujetos se vinculan con el grupo al que pertenecen.
De tal manera que la identidad colectiva, se convierte en una construcción subjetiva y cambiante.
La implementación de acciones estatales respecto a las nuevas identidades, su fragmentación o revitalización tendrán mayor impacto si se diseñan sobre bases firmes; es decir, a partir del conocimiento preciso de lo que supone que los individuos se perciben a sí mismos como miembros de un determinado grupo.
La identidad colectiva como concepto controvertido
Si bien se usa de forma muy frecuente la expresión “identidad colectiva”, en muchas ocasiones es usada como sinónimo de cultura étnica y vista como algo que se debe profesar sí o sí.
Por ejemplo, no son pocas las personas con ideologías nacionalistas que defienden que da igual la identidad individual de cada quien, lo importante es el hecho de haber nacido en un determinado lugar y, por tanto, tiene la obligación de sentirse parte de su cultura de nacimiento.
En caso contrario, es visto como un traidor o un partidario de la extinción de esa cultura. También en ese mal uso de la idea de identidad colectiva se defienden visiones xenófobas.
No son pocos quienes consideran que cualquier persona nacida fuera del lugar en donde se vive son gente que nunca formará parte de su cultura, dado que no tienen lo que hay que tener para ello.
En muchas ocasiones ese “lo que hay que tener” implica aspectos que no se pueden elegir, como la raza, la lengua materna o la cultura de origen.
No todo el mundo tiene ni quiere sentirse parte de una identidad colectiva, especialmente en su vertiente relacionada con la cultura geográfica.
Hay quienes prefieren sentirse ciudadanos del mundo o cosmopolitas, no estar dentro de movimientos sociales o no formar parte de una colectividad.
Cada persona posee una identidad individual única y diferente, y en esa identidad puede haber como rasgo el rechazo hacia el pensamiento colectivo, a veces muy dañino como ha ocurrido en varias ocasiones a lo largo de la historia, como es el caso del nazismo, el terrorismo y las sectas religiosas.
La posible función evolutiva
Se ha planteado la idea de que la identidad colectiva haya sido producto de la evolución en la especie humana. Según esta teoría, a lo largo de la historia evolutiva los homínidos y los primeros Homo sapiens han necesitado la identidad colectiva para garantizar la supervivencia física de la especie.
Los homínidos son primates débiles y lentos, lo cual los hace en fáciles presas si se encuentran solos ante un depredador. Es por esto que en los momentos más críticos de la supervivencia se hacía necesaria una respuesta grupal de los homínidos frente a la amenaza, para conseguir dispersarla o evitar el máximo daño posible.
Esto explicaría por qué cuando amenazan a alguien cercano en muchas ocasiones nos preparamos para la lucha, ignorando el dolor y el miedo, e incluso habiendo casos de autosacrificio para conseguir que sobrevivan otros.
Se ha planteado también que la identidad colectiva tuvo un importante papel a la hora de crearse los primeros ritos humanos. Entre estos rituales se encontraría el bailar durante horas, entrar de forma colectiva en estados de éxtasis, cantar en armonía o desparasitar a las crías en grupo.
Todas estas conductas se realizarían de forma sincronizada, fomentando la idea de que el grupo es uno y permitiendo llevar a la práctica esta sincronización a la hora de cazar o defenderse de depredadores u otros grupos humanos.
Cómo analizar la identidad colectiva
El análisis de la identidad colectiva requiere considerar simultáneamente las categorías que los grupos emplean para definirse, los símbolos que seleccionan, las relaciones que establecen con otros grupos y las prácticas mediante las cuales expresan su pertenencia.
La primera distinción es realizada por los propios actores que forman el grupo y que se vuelven conscientes de la característica en común que poseen y los define como miembros de ese grupo; y la segunda distinción es la identidad de un grupo social desde fuera.
Para estudiar la identidad desde un punto de vista conversacional, los analistas procuran dejar a un lado las teorías a priori y buscan los usos y los efectos interaccionales de las categorías.
Las categorías y sus atributos resultan significativos sólo en ciertas circunstancias y su sentido no puede ser definido de antemano; debe examinarse a la luz del momento de su puesta en relevancia en la interacción.
También es necesario distinguir entre la adscripción formal a un grupo y la identificación subjetiva con sus valores, símbolos y prácticas. El hecho de que los sujetos se adscriban a un grupo no implica que se identifican con él.
| Dimensión | Qué implica |
|---|---|
| Adscripción | Membresía o inclusión formal en un grupo. |
| Cognitiva | Conocimientos que tienen los sujetos sobre el grupo al que se adscriben. |
| Evaluativa | Juicios que los individuos emiten sobre el grupo. |
| Afectiva | Sentimientos que les provoca pertenecer a determinado grupo. |
| Interaccional | Uso de categorías identitarias para tomar posiciones, establecer diferencias y enfatizar elementos comunes. |
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